Bioética: una nueva perspectiva

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La bioética es una rama de la ética aplicada que surge en el siglo XX, de la mano de Fritz Jahr, un pastor alemán protestante. Se trata de una disciplina nueva, que tiene por objeto la resolución a todos los problemas morales que tienen que ver con la vida, extendiendo su campo a la investigación médica, la salud, los derechos de los animales, medio ambiente, entre otras cuestiones relacionadas.

La bioética integra dos herencias constitutivas de la tradición occidental; aristotélica y kantiana. Se considera al ser humano como el único ser con derechos inalienables y que tiene dignidad (valor moral), pero es una creencia que no está justificada racionalmente. 

Todas las capacidades que creíamos que eran exclusivas de la especie humana, otros animales las tienen en menor grado e incluso poseen capacidades propias de su especie. Además, no todos los humanos poseen las mismas capacidades (discapacitados mentales, seniles, bebes,…), sin embargo nos denominamos como seres racionales y con todas las facultades exclusivas.

Es una necesidad racional determinar quiénes son sujetos de consideración moral y así aplicar objetivamente las leyes y principios morales fundamentales. En este ensayo abordaré una nueva perspectiva de la bioética, que tiene por objeto dar una breve solución a los distintos problemas éticos contemporáneos y que suelen caer en la arbitrariedad y en la discriminación arbitraría, a causa del antropocentrismo. 

El concepto “persona” de Kant 

Immanuel Kant en su libro “Fundamentación de la metafísica de las costumbres”, afirmaba que únicamente los seres humanos son personas, porque poseen razón y por tanto pueden cumplir con el deber [moral]. Los seres racionales existen como fines en sí mismos y tienen dignidad [valor inherente] y no pueden ser usados meramente como un medio para fines ajenos. 

Esto puede ser fácilmente refutado, la definición que daba Kant de persona es errada. La capacidad de razonar no es una facultad distintiva en los seres humanos, se encuentra en todos los animales sintientes en diferentes grados. El raciocinio no es el fundamento de los intereses básicos, sino la capacidad de sentir. Por tanto no es un criterio distintivo para pertenecer a la comunidad moral. Pensaba que los demás animales eran seres irracionales y por tanto su valor es relativo, son simples medios que se pueden usar. 

El pensamiento de Kant influyó en las leyes y en la mentalidad de las personas. Aún se mantiene la creencia que la única facultad (como requisito) para pertenecer a la categoría de “persona”, es la facultad de raciocinio.  

La capacidad de sentir 

La sintiencia es un término que proviene del inglés “sentience” y equivale a la capacidad o facultad de sentir, es decir, de experimentar sensaciones o tener experiencias subjetivas. Es una función del sistema nervioso, uno de los más complejos y fundamentales en todos los animales.

El tema de la consciencia ha mantenido una fuerte discusión en la comunidad científica como en la filosofía, aún no existe un consenso sobre su naturaleza y sus orígenes. Sin embargo, hay una línea de pensamiento que han establecido algunos investigadores, desde un punto de vista experimental y teórico, entre los que se destacan los textos de Antonio Damasio, Christof Koch, Rodolfo Llinás, entre otros.

El biólogo Derek Denton en su libro “El despertar de la conciencia”, postula que la consciencia o el estado subjetivo, es el conocimiento de las propias percepciones. La consciencia nació como consecuencia de las emociones primarias (hambre, sed, alegría,…) y no puede haber estas emociones sin una conciencia, al menos básica, de sí mismo (Denton, 2009).

Además de los estudios neurocientíficos sobre la consciencia, la percepción sensorial y la declaración oficial de la conciencia en otros animales, la consciencia básica o el conocimiento de sí mismo, puede ser deducido a partir de la razón y las evidencias (hechos empíricos).

Una de las funciones del sistema nervioso es dotar a los seres de sensaciones y una sensación no puede darse en el vacío impersonal. Las sensaciones son experiencias subjetivas que hacen referencia a un sujeto, a un “yo” que es consciente de tales experiencias: un perro o cerdo que siente dolor, necesita saber que él mismo padece ese dolor y no otro sujeto. Por tanto la capacidad de sentir implica la conciencia de sí mismo, una auto-conciencia que tiene por fundamento la experiencia subjetiva. Esto convierte a todos los animales (humanos y no humanos) en sujetos, seres radicalmente distintos de las cosas u objetos.

La capacidad de sentir también implica tener intereses propios, algunos son inherentes a la propia naturaleza de la sintiencia, como el interés por vivir o evitar el daño y otros pertenecen al ámbito privado, como el interés por la educación o la política. Esta facultad distingue a los animales de las plantas, minerales y cualquier objeto de naturaleza no-sientiente.

Además podemos deducir que todos los animales con capacidad de sentir, tienen valor inherente o intrínseco, porque valoran su propia vida e integridad, aunque nadie más lo haga. Son los únicos seres capaces de valorar su integridad física – psicológica, y desear la conservación de su propia existencia. Su valor es intrínseco, porque no depende de las valoraciones ajenas, cualquier animal con capacidad de sentir se alejará del daño y del sometimiento.  

Sintiencia, el fundamento empírico concreto de la bioética

La vida en sí misma no tiene valor intrínseco, porque carece de subjetividad y por tanto no existe un interés por su propia conservación. Por ejemplo, las plantas, hongos y bacterias tienen vida, pero carecen de un sistema nervioso activo o análogo que les permita procesar la información externa en experiencias subjetivas. Solamente los seres sintientes pueden tener intereses y ser sujetos de consideración moral.

En los siguientes problemas morales contemporáneos, podemos constatar una solución objetiva si apelamos a la capacidad de sentir como fundamento empírico, además de los principios morales aceptados por los bioeticistas. 

a) El aborto

No tiene sentido hablar sobre la cuestión del aborto, si primero no tenemos claro qué cosa o quién será abortado. Se tiene evidencia que a partir de los seis meses de embarazo, el feto tiene su capacidad de sentir desarrollada, por tanto en este período sería un sujeto con auto-conciencia e intereses propios.

Quienes están en contra del aborto, a menudo argumentan que debemos respetar la vida porque es vida, pero es una petición de principio. Según ese criterio, tendríamos que considerar moralmente a las plantas, hongos y bacterias, que también tienen vida. Además se habla de “asesinato”, pero resulta que este concepto no aplica en fetos no-sintientes, porque no hay un sujeto que pueda sufrir una frustración a sus intereses. El aborto sería moralmente aceptable, siempre y cuando el feto carezca de sintiencia.

b) Eutanasia

El tema de la eutanasia es otro ejemplo similar al aborto, no hay claridad en qué casos los humanos son personas y esto se debe al profundo antropocentrismo que nos han inculcado, de creernos especiales y que por el simple hecho de pertenecer a la especie humana, somos personas.

Si alguien sufriera una grave enfermedad o accidente, que destruyera el cerebro y por tanto la capacidad de sentir, no habría razón para considerar moralmente a ese cuerpo en sí mismo. El único conflicto ético que podría darse sería respecto a los familiares, que decidan mantenerlo con vida a costa de recursos públicos. El Estado debe velar por la seguridad y bienestar de las personas, pero un cuerpo sin sintiencia no es una persona y esos recursos podrían ser usados en personas que lo necesitasen.

c) Derechos de los animales

Es un tema controversial en el mundo occidental, que ha originado un cambio de pensamiento en algunas personas. La cultura occidental antes del siglo XIX no reconocía que otros animales fueran sujetos de consideración moral, literalmente se consideraban máquinas hechas por Dios para fines humanos. A pesar de los intentos de algunos filósofos y activistas por eliminar esa mentalidad, en la actualidad se explotan miles de millones de animales para satisfacer caprichos humanos.

Todos los animales con capacidad de sentir, comparten los mismos intereses básicos y tienen el mismo valor moral, pues todos ellos evitan el daño y sometimiento. Ningún animal se ofrece por voluntad propia para satisfacer intereses humanos, no son máquinas y no están al servicio ajeno. Son sujetos con conciencia e intereses propios, son personas.

La especie no tiene relevancia moral, es una abstracción que usamos en ciencias para identificar a individuos evolutiva o genéticamente distintos, al igual que no tiene relevancia moral la raza o el sexo.

Los bioeticistas Tom L. Beauchamp y James F. Childress establecieron en 1979, los cuatro principios de la bioética: autonomía, no maleficencia, beneficencia y justicia. Principios que son presentados para resolver problemas morales, especialmente en el ámbito de la salud y la investigación médica.

Explotar a los demás animales viola los cuatros principios de la bioética:

  • El principio de autonomía

Los demás animales tienen voluntad e intereses propios, no quieren ser sometidos ni ser tratados como meras cosas o recursos. Ellos no dan su consentimiento para que los humanos obtengan un beneficio a costa de su vida y su libertad, se hace contra su voluntad.

  • Principio de no-maleficencia

La explotación consiste en usar a alguien o algo como “medio” para obtener un fin, un simple recurso para nuestro beneficio. La explotación animal trata a los animales como objetos, despreciando sus intereses y su voluntad. Esto ocasiona un daño o perjuicio a su integridad física y psicológica.

  • Principio de beneficencia

No puede haber beneficencia en la explotación animal, porque implica cosificación (tratar a alguien como cosa). Las leyes o políticas de bienestar animal no consideran sus intereses, no actúan en el beneficio de ellos, sino en el beneficio de sus explotadores.

  • Principio de justicia

Los demás animales poseen los mismos intereses básicos que los humanos, por tanto, no hay una razón moral que justifique aplicar un criterio distinto. Según el principio de justicia, los iguales deben ser tratados de la misma manera, sin importar la raza, orientación sexual o el sexo de las personas. Es una discriminación arbitraria que viola la igualdad.

¿Qué pasa con el medio ambiente y otras categorías que no tienen que ver directamente con la sintiencia?

La nueva perspectiva de la bioética que propongo en este ensayo, puede dar una respuesta objetiva a esta cuestión.

Yo distingo dos tipos de valores morales y dos conceptos de respeto; el valor intrínseco y el valor instrumental.

Valor intrínseco

Es el equivalente a la dignidad de una persona, que tiene su propio valor. Los seres sintientes se valoran (desean, estiman,…) a sí mismos, valoran su propia integridad y conservación. Son los únicos seres que pueden hacer valoraciones.

El respeto al valor intrínseco o la dignidad de una persona es básico o fundamental para el reconocimiento de otros derechos. Es la oposición a la cosificación o usar a alguien exclusivamente como un medio para satisfacer intereses ajenos.

Valor instrumental

Es un valor externo a los seres sintientes, que concierne al respeto por la naturaleza o el medio ambiente, que son medios que necesitan los seres sintientes para su propia existencia y bienestar. Es de tipo instrumental, porque es una valoración que hacen del medio externo (sus hogares, recursos,…).

Debemos respetar la naturaleza o el medio ambiente, porque tienen un valor instrumental para los seres sintientes, no porque tengan un valor en sí mismo.

El verdadero problema

Creo que la educación moral es fundamental para evitar los perjuicios hacia las personas, independiente del sistema económico y político. La mentalidad de la sociedad y sus gobernantes, influye en las leyes y en la toma de decisiones.

Con frecuencia la gente rechaza algunos sistemas económicos, como si fueran inmorales en sí mismos, pero olvidan que los sistemas no se manejan solos, hay una mentalidad detrás que lo sustenta. La mayoría de los problemas morales asociados al neoliberalismo y capitalismo, tiene que ver con la mentalidad utilitarista que predomina en la sociedad, hemos normalizado la explotación de seres inocentes, olvidándonos de los principios morales más fundamentales, que solemos aceptar cuando se trata de seres humanos. Luego nos sorprendemos cuando la humanidad tiene una similar desconsideración hacia otras personas humanas.

En un mundo globalizado y con transformaciones sociales significativas, la bioética debe hacer una revisión de los fundamentos y creencias que siguen aplicándose a los problemas éticos contemporáneos. Hay una solución objetiva que puede ser viable, si dejamos nuestros prejuicios y creencias arraigadas a un lado.

Autor Nicole Sandoval Cañas

 

 

 

 

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