Guía práctica para activistas veganos discutiendo sobre gallinas y huevos

Por Justin Van Kleeck de Striving with systems. 

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Una de las discusiones con la que más me encuentro estos días es sobre la ética de mantener gallinas para obtener huevos en situaciones supuestamente “humanitarias”, como un patio suburbano. Los detalles varían en cada ocasión, pero siempre lidiando con humanos queriendo comer huevos de gallina y justificando su acción porque las gallinas no se encuentran en una jaula, en una gallinero o en un matadero.

Hay mucho más en esos “huevos felices” que lo inmediatamente aparente, por lo que espero que esta publicación pueda servir como una guía práctica para activistas veganos que han superado el horizonte de la “cría intensiva” y quieren hablar sobre todas las formas de explotación animal y quizás para algunos no-veganos que creen que los huevos “de patio” son mejores (no lo son).

Que una gallina no esté en una jaula, gallinero o matadero no significa que estén libres de explotación. Una de las partes más difíciles de hablar sobre los problemas de los huevos “humanitarios” es que, culturalmente, tendemos a enfocarnos en el trato (las jaulas están mal, los gallineros están llenos de gallinas enfermas, golpear a un animal está mal), por lo tanto bajo el estándar predominante un conjunto de gallinas en el patio de alguien parece agradable. Sin embargo el enfoque del trato es realmente estético, no ético.

El principal problema con la idea de que los huevos de gallina pueden ser alimentos éticamente neutrales para los humanos es; la domesticación. Las gallinas domésticas modernas ponen alrededor de veinte veces más huevos cada año en comparación con sus ancestros silvestres del sudeste Asiático que ponen de 10-15 huevos exclusivamente para reproducción. Léelo otra vez; VEINTE VECES. En promedio son alrededor de 250-300 huevos por gallina cada año desde los 6 meses de edad hasta que su producción declina y termina alrededor de los 4-5 años de vida.

La crianza selectiva y manipulación genética a través de miles de años de domesticación ha secuestrado totalmente el cuerpo de las gallinas: el aumento de las hormonas sexuales y el proceso físico de la puesta conlleva un desgaste devastador, causando todo tipo de problemas (ovoperitonitis, estancamiento de huevos, cáncer, osteoporosis, prolapsos,…). Estos problemas suelen matar a una gallina antes que deje de poner huevos; sin embargo, si se mantienen sanas pueden vivir hasta su adolescencia.

Los gallos también sufren, no solo al ser asesinados siendo polluelos o una vez que crecen ya que nadie quiere un gallo de raza ponedora. Tambien tienen un aumento de las hormonas sexuales que agota sus cuerpos. En palabras simples, sin importar el origen, teóricamente cada gallina tuvo un hermano que fue asesinado por alguna buena razón.

Vale la pena mencionar que siempre que un cuidador dice que sus gallinas están perfectamente saludables, ten en cuenta que la puesta de huevos y otros problemas de salud pueden ocurrir en todas las razas, no solamente en las dos más utilizadas en las granjas industriales (Leghorns blancas y Sex-Link marrón rojizo). La mayoría de las personas no son consientes de las señales sutiles de una gallina enferma (al ser una especie presa son increíblemente estoicas) y no reciben ningún tipo de ayuda veterinaria. Las gallinas de nuestro santuario son acogidas por situaciones “de patio”, están casi siempre enfermas con algo y/o han sido sobrevivientes de depredadores por negligencia.

Junto a las consecuencias físicas para las gallinas está el problema de autonomía corporal. Cuando una gallina pone un huevo, ¿Por qué creemos que tenemos el derecho a algo que su cuerpo ha creado? En vez de robarles lo que es suyo, lo mejor que se puede hacer sería alimentar a las gallinas con sus huevos –suelen ser su alimento preferido y al hacerlo devuelves nutrientes vitales a los cuerpos de los cuales fueron quitados.

Por alguna razón los humanos creen que pueden explotar y manipular los cuerpos y la genética de no-humanos por milenios, y cuando esos cuerpos explotados funcionan como los humanos quieren, pueden reclamar que lo que hacen es “natural” y seguir utilizándolos (preocuparse del bienestar y el trato es usualmente lo mas lejos que nos permitimos llegar). Esto está mal, una táctica sacada directamente del libro del Mito Humanitario y es por esto que los huevos son inherentemente no éticos para el consumo humano, independiente de donde vengan.

Comer huevos de gallinas o permitir que otros humanos lo hagan es perpetuar ese sistema de explotación y normalizar la violencia, incluyendo la violencia que se encarna como resultado de la domesticación.

Amamos a nuestra familia de gallinas rescatadas, y es frustrante traerlas a la seguridad de un santuario vegano y después ver todos los problemas de salud que tienen debido a su biología y cría. Incluso con acceso a una buena atención médica, la mayoría de las veces nos vemos con las manos atadas por sus genes. Hemos perdido a muchos amados miembros de la familia debido a esto, y nunca pretenderé que los humanos comiendo huevos y explotando gallinas para que lo hagan es agradable, feliz o humanitario. Tampoco deberían hacerlo otros veganos.

Traducido del inglés por Camila Solar

*Artículo original: https://goo.gl/1nQSWC

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